Vas en tu coche, pones tu intermitente para girar a la derecha. No ves bien a un coche que venía por ese carril y tienes que rectificar para no darle. No pasa nada, has reaccionado a tiempo. Da igual, el energúmeno que conduce el otro vehículo baja la ventanilla y comienza a gritarte haciendo aspavientos con las manos. «Vaya —piensas—, me tocó uno de esos pesados que se creen que van en un carro de combate».

Si conduces, no te sonará ajeno este incidente. Puede que incluso te sorprendas a ti mismo comportándote con unos modos que jamás usas en tu casa o en tu trabajo; y es que las calles y carreteras están plagadas de una especie de Doctores Jeckill y Misters Hide del volante.

¿Por qué unas personas se comportan de manera paciente mientras conducen y ponen su música favorita durante los atascos y otras sudan por las manos y enseñan los dientes? Vamos a hablar de seis posibles motivos.

Uno: Patrón de ira disfuncional. Estos palabros no quieren decir otra cosa que la aplicación del patrón que hace que te enfades al momento de la conducción. Ocurre una situación que no esperabas, que no tenía que ocurrir y que te genera un contratiempo. Y no es culpa tuya (o eso crees). Supones que quien la ha provocado lo ha hecho de manera intencionada, por lo que se merece un castigo o al menos una reprimenda. En décimas de segundo tu cerebro interpreta el esquema de lo ocurrido y te dice: enfádate, es lo que toca.

Dos: Malinterpretaciones. Todos hemos enviado un whatsapp que ha generado controversia por una mala interpretación, porque cada lector le ha asignado el tono que ha creído conveniente. Un poco lo mismo sucede en el coche. No podemos hablar con el conductor del otro vehículo, nos separan dos ventanillas y el movimiento. No existen unos códigos de comunicación exactos, y la situación es sobrevenida, por lo que lo más fácil es entrar en un juego de malinterpretaciones que acaba con insultos y malos gestos. Y ya está, sin venir a cuento, la hemos liao parda.

Tres: Territorialidad. El coche es nuestro espacio, nos pertenece. Dentro nos sentimos casi en nuestro hogar, es un terreno que debemos defender de las agresiones externas, por eso de una forma casi animal, primitiva, instintiva, saltamos con ira ante la menor señal de que un extraño intenta vulnerar este espacio sagrado.

Cuatro: Circunstancias coyunturales. Estrés laboral, problemas familiares, discusiones de pareja, malas noticias… no nos abandonan cuando nos subimos al coche, vienen de viaje con nosotros y, desde luego, no son compañeros aconsejables. El volante es una buena excusa para explotar al fin, un buen lugar para desfogar contra un extraño la agresividad que no nos atrevemos o no queremos desfogar contra conocidos.

Cinco: Protección. En el coche, como dijimos al principio casi en broma, nos sentimos en nuestro carro de combate. Es un espacio cerrado que nos protege, una fortaleza desde la que somos casi inmunes. Desde aquí, aislados por la armadura de metal y cristal, somos capaces de mostrar nuestro yo más violento porque podemos considerar que no nos va a pasar nada.

Seis: Amaxofobia. Hablamos en este sentido de los casos más extremos. La amaxofobia es el miedo exagerado a conducir. Quien sufre de esta patología y tiene la necesidad de usar su coche, conducirá con mucha ansiedad y será una bomba a punto de explotar al menor problema. Son personas que, desde luego, necesitan tratamiento profesional.

Por otro lado, ¿existe alguna manera de evitar esta agresividad al volante?

No es fácil, pero si tenemos la intención real de no portarnos de esta manera cuando conducimos, podemos recurrir a algunos trucos, como imaginar que nuestro hijo pequeño o nuestros padres viajan con nosotros, intentar vernos desde fuera, ponernos en el pellejo del otro, respirar hondo y contar hasta diez antes de interactuar… Es complicado tener estos consejos presentes si alguien nos abolla nuestro preciado coche nuevo, pero ¿merece la pena gritar y portarnos de manera agresiva?

Recuerda que cuando vas en coche no vas solo o sola, te rodean otros coches con personas. Viajar es parte de la vida social, hemos de respetar unas normas y no solo las de tráfico. El que está junto a ti en el atasco puede que también tenga un día de perros en el trabajo o que esté cansado de perder todos los días tanto tiempo… Solidarízate con los demás. Respira. Relájate.

Estar calmado al volante, lo creas o no, puede salvar vidas.

Incluso la tuya.

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