Una de las ideas que tenemos del matrimonio perfecto, o incluso simplemente del matrimonio, es el de dos personas que por las noches se van a dormir compartiendo cama. Por algo a las camas de más de 1,35 no se les llaman “camas tochas” sino “camas de matrimonio”.

Una idea que se repite mucho, por ejemplo, es que los problemas y rencillas diarias se solucionan si por la noche, durmiendo juntos, se liman asperezas.

Entonces, ¿qué ocurre con los matrimonios que deciden dormir en camas separadas? ¿Son menos matrimonio? ¿Hay que utilizar otro nombre para ellos? ¿”Separamonios”?

Pues no.

De hecho, parece bastante comprobado que dormir en camas separadas es beneficioso para el matrimonio. Es más, la cama única es un invento bastante reciente.

A lo largo de la historia los matrimonios tenían su espacio para las relaciones sexuales, pero después cada uno se retiraba a su propia cama o incluso a su propio dormitorio. Con la llegada de la época industrial y el éxodo de las zonas rurales hacia las ciudades, las viviendas cada vez se hacían más pequeñas y había que optimizar el espacio, por lo que se comenzó a utilizar una única cama por pura comodidad espacial.

De manera que la cama de matrimonio no es más que el fruto de una necesidad espacial, nada que ver con mayor o menor afinidad en la pareja.

Pero vuelvo a la idea que he soltado como de pasada. Sí, lo he dicho: dormir en camas separadas es beneficioso para el matrimonio.

Mejor una cama para cada uno, ¿no?

Mejor una cama para cada uno, ¿no?

Hay sesudos estudios que apuntan a lo beneficioso de dormir cada uno en su cama, pero si nos ponemos a pensarlo un poco y aplicar el sentido común, tampoco necesitamos científicos que nos lo confirmen.

Piensa en que muchas veces él o ella se mueve mucho y no te deja dormir, o se acerca hasta ocupar tu espacio y casi dejarte caer.

O puede que cada uno tenga un ritmo. A ti te gusta madrugar y a él o ella trasnochar.

O uno duerme escuchando la radio y el otro prefiere el silencio total.

O uno necesita un ratito de lectura antes de apagar la luz y el otro prefiere lanzarse al sueño directamente.

O ¡¡uno de los dos ronca!!

En estos casos y en multitud de “oes” más, darse las buenas noches (tras un rato de tele o tras un rato de sexo) y retirarse a descansar de manera individual no parece tan mala idea, ¿verdad?

Una pareja más descansada es más proclive a ser más feliz, a dialogar más, a perdonar más. Pero dormir en camas separadas no es bueno solo porque se descansa más, también podemos encontrar un motivo puramente psicológico.

Cuando nos acostamos tras un día en que hemos tenido que lidiar con rutinas laborales, con los niños, con atascos o con lo que sea, nos retiramos a nuestro espacio privado, nuestra propia cama, donde nadie nos molesta, para estar por fin con nosotros mismos. Ese espacio vital que nos hace reconocernos como individuos y no solo como la mitad de una pareja, se recupera de una forma eficiente durmiendo en lechos separados.

Incluso las relaciones sexuales pueden potenciarse al dormir en camas separadas, porque la relación se armoniza y el deseo se manifiesta de manera más evidente.

Tampoco hay que pasar al extremo contrario y estigmatizar ahora a los que duermen en camas de matrimonio. La postura de la cuchara, por ejemplo solo se puede practicar con comodidad ahí, pero la verdad es que acaban durmiéndose los brazos.

En fin, que aquella canción que hablaba de camas separadas como síntoma de matrimonio en problemas, no se había documentado bien. Alguien tendría que hacer una nueva versión de esto (y no solo por el tema de camas separadas, la verdad es que la canción no tiene desperdicio, eso de fingir que todo va bien para que los hijos no tengan traumas… en fin, menos mal que vamos avanzando):

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