Hace muy poco falleció Bimba Bosé víctima de un cáncer. Un hecho triste, o eso es lo que pensamos al menos las personas que podemos considerarnos «normales», signifique eso lo que signifique.

Sin embargo, cuando su tío Miguel Bosé decidió escribir un mensaje de despedida en su cuenta oficial de Twitter («Buen viaje, mi cómplice, mi amor, mi hija querida. Guíame»), muchos descerebrados no dudaron en responder con insultos deleznables. La homofobia y la violencia más radical salieron a la luz y se cebaron con esta noticia.

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Pero este no ha sido el único caso en que las redes son refugio de canallas que atacan al otro sin ningún atisbo de respeto. Hace poco, un niño de 8 años con cáncer y cuyo sueño era convertirse en torero, recibió un homenaje del mundo taurino.

Antitaurinos radicales se lanzaron no a insultar, sino a maltratar verbalmente al pobre chaval. Le deseaban que se muriera e incluso le lanzaban directamente amenazas de muerte.

Poco antes, y en el mismo ámbito, tras la muerte del torero Víctor Barrio, su mujer comenzó a recibir insultos y mensajes alegrándose por este fallecimiento.

Además de estos casos extremos y más mediáticos, no es raro encontrar insultos y amenazas en las redes sociales de famosos, políticos y personas que por un motivo u otro se hagan célebres. Da la sensación de que, al abrir una vía de comunicación sin filtros, siempre hay alguien que aprovecha para volcar todo su odio y su frustración contra estas personas. Y no son pocos.

A este respecto, os recomiendo el último capítulo de la tercera temporada de la serie Black Mirror, “Hate in the nation”, que (desde la perspectiva de la ciencia ficción) retrata de un modo bastante acertado esta tendencia.

efecto-de-los-insultos-en-las-redesNo son solo los famosos o los personajes mediáticos, no obstante, las víctimas de estos insultos. No son ya infrecuentes las noticias de jóvenes que sufren ciberbullying, que no es otra cosa que las amenazas o el hostigamiento entre menores usando para ello las redes sociales, la telefonía, etc.

El caso es que la introducción en nuestras vidas de esta forma de relación como algo ya habitual, ha traído aparejado este nuevo tipo de ofensas.

No voy a entrar aquí (por no ser tema de este blog) en cómo se debe afrontar este tipo de insultos por parte de las autoridades, y si hay que hacer leyes específicas al respecto o si tan solo habría que aplicar las existentes a este entorno. Es un debate que os cedo.

Lo que sí nos puede interesar más desde el punto de vista psicológico es, ¿por qué son tan frecuentes los insultos en las redes sociales?

  1. Una primera idea que nos viene a la mente es la del anonimato. En las redes sociales parece fácil lanzar la piedra y esconder la mano. Sin embargo, lo cierto es que no es un anonimato real. Puedes usar un nick o crear una cuenta falsa, pero para comentar, necesitas registrarte. Y cada comentario va acompañado por su firma, no cuesta mucho rastrear desde qué ordenador se envió. En realidad, es más una sensación de anonimato que un anonimato real.
  2. En segundo lugar, la facilidad e inmediatez. Alguien lee un tweet que le despierta un odio irracional o que despierta su lado más violento, irascible, intolerante… Teclear una respuesta y darle a «enviar» es un acto muy sencillo y que no requiere pasar por ningún intermediario. Llegará a su destino en ese mismo instante.
  3. En tercer lugar, es un entorno aséptico. No se produce contacto, el que insulta lo hace en su dormitorio, en su trabajo, en la calle, lejos de una reacción física del otro. No se produce dolor, no se percibe el sufrimiento ajeno. Casi no insultamos a personas, sino a otra cuenta en twitter. Parece como si todo quedara en las redes (cuando no es, ni mucho menos así).
  4. En cuarto lugar, el insulto se retroalimenta de otros insultos similares. Alguien lee una amenaza o un mensaje hostil y se anima a participar en el linchamiento. Se crea una especie de horda digital, de relación entre iguales, de pandilla que se reúne para maltratar al otro. Internet es un medio que facilita la reacción en cadena.

En esta ocasión, como en otras, me gustaría terminar compartiendo este vídeo en que se cuenta una experiencia real de alguien que apenas tenía inteligencia interpersonal y que cambió mucho tras sufrir ciberacoso. Merece la pena que lo veáis.

TEDx: Una historia de violencia, amor y odio from Nicolas Alcala on Vimeo.

 

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