Un tema muy interesante y muy actual tras la reciente huelga de deberes es el sistema educativo. ¿Responde la educación tradicional a las necesidades actuales o hay que buscar una educación alternativa que se adapte al siglo XXI? Es un tema que preocupa a la sociedad, eso está claro. Pero preocupa mucho más a los padres, eso está aún más claro.

Para comenzar, me gustaría que echárais un vistazo a este interesante documental sobre una serie de experiencias de educación alternativa.

Quiero remarcar que al hablar de la educación alternativa no lo hacemos sobre un tema abstracto, sobre un ideal, sino sobre ejemplos concretos, niños concretos y familias concretas. Cada padre busca lo que considera mejor para sus hijos, pero, ¿qué es lo mejor?

La mayoría de nosotros pensamos que la felicidad es la máxima aspiración, que nos basta y nos sobra con conseguir que nuestros hijos tengan una infancia feliz (y así se refleja en todos y cada uno de los ejemplos del documental). Pero para muchos eso no será suficiente, sobre todo porque consideran que la felicidad no prepara para la vida adulta. Bueno, ¿acaso la infelicidad sí?

Tal vez, y esto es una opinión puramente personal, muchos de los problemas del sistema educativo vengan por esa idea de que hay que preparar a los niños, no ya para una vida adulta, sino para el mercado laboral. Esa idea de que la escuela es una fábrica de futuros empleados hace que se eliminen materias que se consideran «inútiles» y se centre en dirigir su empleabilidad, en conseguir un producto con una etiqueta colgando de la oreja que los clasifique para sus respectivos desempeños laborales.

Creo que la bondad de estos centros alternativos es que se dirigen a formar personas, no trabajadores. Y eso es algo que el sistema no termina de admitir.

He partido de lo general, pero si nos centramos en lo particular, comienzo con dos temas que dan para mucha discusión, los malditos exámenes y los diabólicos deberes. Los califico así porque esa es la idea que se transmite en el documental sobre ellos. Creo que, efectivamente, poner como eje de la educación el resultado de los exámenes es un error, como también lo es cargar de deberes a los niños. Pero de ahí a demonizarlos hay un campo intermedio.

educacion alternativa montessoriEn educación infantil los niños tienen que jugar y tanto exámenes como deberes no tienen sentido, pero a medida que los niños crecen y van aprendiendo y asimilando conceptos, no es descabellado pensar que tenemos que tener algún control sobre su evolución. Los exámenes son una forma directa de hacernos una idea. Lo justo sería no convertirlos en el único elemento de evaluación, pero es un elemento útil no solo para comprobar cómo se asimilan las materias, sino para impulsar a los alumnos a repasar lo aprendido.

En cuanto a los deberes, lo ideal sería que con lo realizado en el entorno escolar fuera más que suficiente, pero no hay que llevarse las manos a la cabeza si algún profesor pide unos ejercicios de repaso. Es más, por el término «deberes» podemos entender todo lo que los profesores piden realizar fuera del horario escolar, y esto abarca un abanico muy amplio en el que también entra lo lúdico: ver una película y comentarla, visitar una exposición, construir un mecanismo, jugar una partida de Monopoly analizando la estrategia empleada…

En algo en lo que disiento en cierta manera con lo relatado en el documental es en esa idea tan extendida de que no hay que hacer que los estudiantes acumulen información en su cerebro porque pueden encontrarla en Internet, sino que hay que enseñarles cómo buscar esa información. Hasta cierto punto, es verdad, pero uno no puede estar consultando el ordenador, la Tablet o el teléfono en medio de una discusión sobre un tema. Hay conocimientos que es necesario adquirir e interiorizar, al menos lo que siempre se ha llamado «cultura general». Creo que la excesiva dependencia de la tecnología entraña el peligro de convertirnos en otro tipo de analfabetos. Porque, ¿qué ocurre si la red se colapsa? ¿Nos quedamos entonces totalmente en blanco? Sería como decir que no hace falta aprender a sumar porque existen las calculadoras.

En todo lo demás, creo que este tipo de enseñanza debe ser (y tal vez lo esté siendo poco a poco) una tendencia. Nadie puede estar en contra de las ideas generales como un entorno agradable para el estudiante, una personalización de la educación, el respeto como eje principal, educar en los límites del respeto al otro, convertir la resolución de conflictos en otra oportunidad para aprender, etc. Puede que sea más discutible el sistema de la no división en materias ni en edades, o aspectos puramente formales, pero si coincidimos en el espíritu, el modo de aplicarlo es algo que se puede construir entre todos.

A eso llegaremos… si la rigidez del sistema actual nos lo permite.  

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