¿Estabas trasteando en tu Facebook cuando tenías que haber estado trabajando y eso te ha llevado a este artículo? Pues has caído en el lugar adecuado. Voy a ayudarte. Voy a serte de utilidad. Voy a hablarte del mindfulness.

No me suelen gustar mucho los palabros extranjeros para nombrar cosas a las que podríamos encontrarle un nombre en castellano, pero tampoco quiero ir contra la tendencia general, y debo reconocer que el término «mindfulness» es mucho más amplio que su equivalente «atención consciente».

Aunque es algo muy actual y muy moderno, el mindfulness tiene sus raíces en el pensamiento budista, hace más de dos mil años. Y si queremos definirlo con una frase corta, se trata nada más y nada menos que de prestar atención al presente y evitar las distracciones.

El mindfulness pretende entrenar la atención. En nuestra época nos bombardean los correos, nos aparecen mensajes de alerta y el entretenimiento está a un golpe de ratón o a un toque en la pantalla. Nunca ha sido más fácil perder la concentración. El mindfulness rescata las enseñanzas budistas para enseñarnos a focalizar nuestra atención sobre lo importante.

Por mucho talento que tengas, si no atiendes a lo que tienes que atender, no vas a llegar muy lejos. Si para llegar de un punto A a un punto B, te vas saliendo un ratito para ver qué hay en cada arbusto y en cada arroyo, tardarás mucho más que alguien que se concentre en ir directamente, sin mirar a los lados del camino. No hay que rebuscar en ninguna sentencia de Confucio ni en ninguna frase extraída de un remoto país asiático. En nuestra cultura tenemos un refrán que puede definir esas distracciones: «quien mucho abarca, poco aprieta». El mindfulness nos enseña a apretar.

El mindfulness, por otra parte, también nos ayuda a superar el estrés y la ansiedad. Muchas veces nuestro pensamiento divaga por eventos del pasado que nos incomodaron o por problemas del futuro que nos agobian. El mindfulness nos hace focalizarnos en el aquí y en el ahora, prestando la atención a emociones, sensaciones, y pensamientos del presente, sin juzgar si son correctos o no, solo sintiendo lo que se percibe. Con ello conseguimos alejarnos de preocupaciones excesivas y la mayoría de las veces innecesarias.

El mindfulness se puede aplicar a la vida cotidiana, al trabajo, a los estudios, a las relaciones, pero también al deporte, donde tiene una aplicación muy clara. Muchas veces los deportistas se centran más en los resultados que en la práctica inmediata, del momento presente. Si un corredor, por ejemplo, se enfrenta a un maratón, el mindfulness le recomienda concentrarse en las sensaciones de cada instante. Si, por el contrario, desde el kilómetro cero piensa «uff, todavía me quedan 42 kilómetros», comenzará a agobiarse. Si al paso del kilómetro diez se plantea «¿solo 10 kilómetros? Madre mía, me quedan 32», sufrirá enormemente para llegar a la meta. En este deporte, como en todos, es aconsejable disfrutar de las sensaciones, incluso de las dolorosas, dejarse llevar y no mirar nunca atrás ni adelante. Vivir la carrera.

¿Cómo consigue esto el mindfulness?

Toda la perorara anterior ha estado muy bien para centrarnos, pero no quiero pecar justo de lo que critica el mindfulness y seguir divagando. Así que ahora voy a dar unos puntos concretos y claros de qué es el mindfulness:

  • El mindfulness es meditación.
  • Basta con practicar de 20 a 30 minutos al día. Aunque se recomienda empezar con cinco o diez e ir aumentando poco a poco.
  • Se basa en técnicas y ejercicios concretos que nos ponen en conexión con el presente.
  • Nos separa de nuestros pensamientos para que podamos reconocerlos desde el exterior.
  • Como técnica de meditación que es, hay que practicarlo en sitios sin ruidos y con una temperatura agradable.
  • Se practica sentado cómodamente en una posición que facilite la respiración.
  • El ejercicio básico y con el que comienza la meditación se basa en la respiración. Hay que sentir cómo respiramos, escucharnos respirando, sentir cómo el aire entra y sale del cuerpo.
  • Tras conseguir concentrar nuestra atención en la respiración, podemos comenzar a emitir un mantra, una frase o palabra que, repetida, nos ayude a la concentración.
  • Un buen ejercicio mindfulness es, simplemente, colorear. Cogemos unas plantillas en blanco (en Internet las hay a patadas) y coloreamos sin más afán que colorear, concentrándonos en ello, focalizando nuestra atención en colorear. Las mandalas son ideales para ello.
  • Basta con entrenar el mindfulness esa media hora al día para que, como si se tratara de un músculo, nuestra atención consciente se fortalezca.

Así que ya lo sabes, deja de darle vueltas a lo que fulanito te dijo o te dejó de decir hace una semana, deja de agobiarte por ese viaje que tienes dentro de un mes. Respira, relájate y vive el presente. Es lo único seguro que tienes.

Aquí tienes explicado lo que es el mindfulness en solo tres minutitos. Merece la pena que lo veas.

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