Estamos de fiesta. Estamos en plena celebración del Orgullo.

Antes se llamaba Orgullo Gay, pero pronto se comprobó que esa etiqueta dejaba atrás a muchos colectivos que también necesitaban reivindicar su orgullo, como las lesbianas, transexuales y bisexuales, por eso ahora se habla de Orgullo LGTB.

Digo bien, “necesitaban”. Porque para ellos es necesario reivindicar su condición. Todavía hay gente que ante eventos de este tipo sueltan la frase típica de “pues yo voy a celebrar el orgullo hetero”.

Esta afirmación se podría comparar con aquella otra de los que dicen que a qué tanto jaleo con la violencia contra las mujeres, que también hay hombres a los que zurran. No creo que haga falta más comentarios, pero por si acaso, voy a responder a una pregunta.

 

¿Por qué es necesaria la celebración del Orgullo?

La condición sexual no debería ser fuente de conflictos, pero está claro que sigue siéndolo.

España es uno de los países con mayor aceptación social de la homosexualidad, y fue uno de los primeros del mundo en permitir el matrimonio homosexual. Sin embargo, siguen existiendo numerosas desigualdades y discriminaciones: muchos homosexuales tienen difícil encontrar trabajo en determinados sectores si reconocen su condición (en el deporte, sin ir más lejos), en entornos rurales sigue siendo muy difícil manifestar abiertamente ser homosexual, siguen dándose agresiones homófobas (y no son casos aislados)…

¿No es suficiente para ver la necesidad de visibilizar el orgullo de su condición sexual?

Además, esta celebración no es una fiesta local. Aunque cada año el orgullo se celebra en Madrid, en esta ocasión es una reivindicación global.

Hay más de 70 países donde todavía se penaliza la homosexualidad, y en varios de ellos incluso con pena de muerte. ¿Pena de muerte por tener gustos «diferentes»? ¿Diferentes a quién? Si no fuera tan serio, podría parecer hasta una broma de mal gusto.

Para terminar sobre la necesidad de esta fiesta, os recomiendo leer este breve artículo donde nos dan tres consejos para dejar de cuestionar esta celebración.

Por otro lado, sin llegar al extremo de las prohibiciones, todavía hoy en día y en una sociedad con bastante normalización, como la nuestra, ser homosexual es una fuente de conflictos internos y externos. No todas las personas tienen facilidad para «salir del armario». Muchas veces, reconocer la condición sexual viene acompañado de miedo, angustia e incluso depresión.

Y no nos centremos tan solo en la homosexualidad. Nacer en un cuerpo diferente a tu verdadera sexualidad lleva ya bastante dificultad que afrontar como para cargar a la persona con más sufrimiento. ¿Acaso podemos pensar que alguien se someta a medicación, terapia, cirugía… por puro capricho?

Antes se pensaba que todo lo que se apartaba de la heteronormalidad era un trastorno psicológico. El transexual es aquella persona que siente una incongruencia entre su sexo biológico y su identidad de género (por mucho que las pegatinas de algún autobús lo intenten negar).

Algunos psicólogos siguen considerando esto como un trastorno, pero por suerte cada vez es más normal la corriente que considera que la existencia de una identidad no es una patología. Además, a estas alturas del cuento, queda bastante demostrado que las personas que quieren cambiar de sexo, y lo hacen con el debido tratamiento psicológico, hormonal y quirúrgico en algunas ocasiones, presentan una mejora en su calidad de vida.

En definitiva, el orgullo tan solo pretende normalizar lo que es normal. Estas manifestaciones en España no nacieron ayer, aquí podemos leer una entrevista sobre el primer Orgullo Gay celebrado (más o menos) en nuestro país.

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