La LOMCE, esa famosa ley educativa que tanto dio que hablar, promueve siete competencias clave que hay que potenciar entre los alumnos. La sexta es «sentido de iniciativa y espíritu emprendedor». Para entendernos, los poderes públicos quieren incentivar que desde pequeños ya coqueteemos con la idea de ser emprendedores.

Hablar mal de los emprendedores no está bien visto. Los emprendedores son los nuevos héroes, los rescatadores de la economía, los valientes que salen a flote en tiempos difíciles.

No digo yo que no, pero ¿no esconderá toda esta loa hacia el emprendimiento una forma de pasar la patata caliente a otros? ¿No será un intento de responsabilizar al parado de su situación en lugar de asumir la parte de culpa de los poderes públicos y las grandes corporaciones? Es como si te dijeran: «si no tienes trabajo es tu maldita culpa. No te quejes y emprende» (lo que es muy fácil de decir si tienes un sueldo vitalicio como la mayoría de nuestros políticos).

Emprender no es el remedio que todo lo cura. No todo el mundo vale (ni tiene por qué valer) para ser emprendedor.

Si el riesgo te asusta, pero quieres convertirte en emprendedor para tener algo tuyo, algo seguro, vas por el camino equivocado. No existe actividad más arriesgada que la del emprendedor. Por cada nueva empresa que triunfa hay decenas que fracasan. Este fracaso no es negativo si estás preparado para aprender de él, pero puede ser letal si has puesto toda tu ilusión en ese negocio que tienes que cerrar demasiado pronto.

Si quieres dejar tu trabajo porque no te compensa la responsabilidad o la carga de trabajo por el sueldo que te pagan, piénsatelo. Es probable que como emprendedor la responsabilidad sea mucho mayor y nadie te va a garantizar un ingreso mínimo.

Si quieres emprender para dejar de tener jefe, para alejarte de ese cretino al que no soportas, date cuenta de que cada cliente que consigas será tu nuevo jefe. Y vas a encontrar todo tipo de personas. Tal vez debas analizar tu capacidad para gestionar el trato social antes de dar el paso.

Si quieres emprender seducido por la imagen del empresario como personaje exitoso, si piensas que solo hay que tener una idea de negocio novedosa para ingresar ingentes cantidades de dinero casi sin hacer nada, desengáñate. No hay trabajo más exigente que el del emprendedor. Casi nada requiere tanto esfuerzo como mantener tu propio negocio.

Si realmente odias tu trabajo y crees que montar tu propio negocio es la solución, date cuenta de que emprender es una importante fuente de estrés. Nadie te va a garantizar ingresos fijos cada mes. Plantéate si la solución es esa o simplemente dejar el trabajo sin más y buscar otro.

Con todo esto, no quiero desanimarte si verdaderamente tienes ganas de emprender. Lo que quiero hacerte ver es que convertirte en emprendedor no es el remedio para huir de un trabajo.

El emprendedor lo es porque le gusta serlo, porque le motivan los retos, porque tiene una gran confianza en sí mismo, porque tiene capacidad para afrontar el riesgo y el fracaso, porque es previsor, porque es flexible y sabe adaptarse a los imprevistos, porque tolera la incertidumbre, porque es constante y se esfuerza al máximo.

Si te motiva emprender y tienes todas esas cualidades, adelante (aunque antes puedes seguir estos diez consejos).

Si lo quieres hacer para dejar un trabajo que ya no aguantas o que no te da lo suficiente, plantéatelo mucho antes de dar el primer paso.

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