recuerdo de lo que fue«Hace diez meses dejé a mi pareja. Llevábamos quince años juntos y mucho compartido, pero yo me sentía encorsetado, ya no tenía ilusión, ni alegría, ni pasión… Me enamoré de otra y no podía negarme ese sentimiento, así que decidí que no quería engañar a nadie, ni siquiera a mí mismo, y la dejé.

La ruptura fue dolorosa, y sé que lo fue mucho más para ella. Al fin y al cabo, yo tengo otra relación en la que apoyarme. Ella se quedó sola. Pero en aquel momento sentía que lo que hice era lo más honesto. No lo sé. Por suerte, no teníamos hijos.

El problema es que después de diez meses, mi ex no ha desaparecido de mi cabeza ni de mi vida. Estoy muy bien con mi nueva pareja, pero el remordimiento por la manera en que me comporté me agobia y el sentimiento de culpa me pesa mucho. Sé que mi ex lo está pasando muy mal y no puedo evitar preocuparme por ella. Mantenemos mensajes por whatsapp, alguna vez hemos quedado por temas burocráticos, o por asuntos de familiares, ya que es difícil cortar la relación con cuñados o suegros con los que te llevabas bien si te enteras de que han tenido algún problema.

Yo pensaba que el tiempo iría arreglándolo todo. Pero ahora, tras diez meses, es cuando peor estoy. Ha pasado la pasión inicial con mi nueva pareja. La sigo queriendo, sigo enamorado de ella (creo) y me siento a gusto a su lado. Pero hace quince días tuve un susto que me ha removido todo por dentro. Al final no fue nada serio. Creí que había tenido un infarto y fue tan solo un problema muscular. Sin embargo, cuando pensé que podía morirme, mi deseo era estar junto a mi ex, no junto a mi pareja actual.

Estoy hecho un lío. Ahora me acuerdo de todo lo que compartimos, de la forma tan egoísta en que la abandoné, de todo lo que ella me dio, y siento deseos de retomar la relación con ella. Y ella parece dispuesta a aceptarlo.

Por otra parte, mi nueva pareja ha encontrado en mí un apoyo. Nos sentimos cómodos juntos, nos queremos, hemos empezado un proyecto común que considerábamos duradero. No puedo hacer con ella lo mismo que con mi ex. No puedo ser un canalla dos veces en un año.

No duermo, no como, no sé qué hacer. ¿Por qué es todo tan complicado?».

Casos parecidos a este llegan a decenas a las consultas psicológicas. Exparejas que quieren volver, personas que dejaron a otras pero no olvidan, personas que dejan a otra pero no quieren que la otra persona rehaga su vida, engaños a la nueva pareja con la antigua… El mundo de las relaciones con los y las ex resulta muy complejo.

En general, si la presencia de la expareja supone algún tipo de alteración (emocional, psicológica o incluso física) es porque no hemos dejado en el pasado esta relación, es porque no hemos sabido fijar los límites en los que debe encontrarse.

Muchas personas no saben superar una situación del pasado y se quedan enganchados a ella. La nostalgia hace idealizar a la persona que ya no está en nuestras vidas.

sufrimientoPor otra parte, a veces iniciamos una relación con otra persona solo por miedo a estar solos, por cubrir el vacío o, lo que es peor, por puro despecho. Es un tremendo error hacerlo así. De esta manera, nuestra expareja sigue presente día a día incluso con más fuerza que cuando compartía techo con nosotros.

Tras terminar una relación, lo adecuado es tomarse tiempo para cicatrizar las heridas. Y hay que evitar continuar repitiendo las mismas rutinas que nos unían a nuestro o nuestra ex. Durante al menos un periodo es bueno alejarse de los lugares que visitábamos a menudo, de las actividades que practicábamos juntos, incluso de los amigos comunes. Ya habrá ocasión después de volver a todo ello de un modo más relajado y menos doloroso.

Si no estás dispuesto o dispuesta a que tu ex desaparezca, es mejor no separarte. Si te separas, no es para que tu ex siga en tu vida. Recuerda: si inicias un nuevo camino, al volver la vista atrás, se ve la senda que nunca se ha de volver a pisar.

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