¿Resiliencia? ¿Qué es eso? ¿Resiliencia le ancianos?

No, no es una errata ni un palabro inventado. Aparece en la RAE, que la define como: «Capacidad de adaptación de un ser vivo frente a un agente perturbador o un estado o situación adversos».

Es un término que los psicólogos utilizamos mucho para definir la capacidad de los humanos para afrontar situaciones adversas, crisis personales, tragedias, conflictos… Y no solo afrontarlos, sino adaptarse con cierta facilidad a las nuevas condiciones surgidas de estas crisis.

Una de las principales características de las personas resilientes es su sentido del humor. Alguien que sabe reírse de sí mismo, que hace bromas sobre la adversidad, tiene mucha más facilidad para superar los problemas que alguien que carece de sentido del humor.

¿Cómo me ayuda el humor a superar los problemas?

Con lo que he dicho anteriormente no quiero decir que una persona resiliente no sufra. La resiliencia no consiste en una venda que nos mantiene alejados de la realidad o en un filtro que nos hace verlo todo de color rosa. Muy al contrario, podemos sufrir, sentir angustia, dolor, pero gracias a la resiliencia, lo sobrellevaremos primero y lo superaremos después.  

La broma en los malos momentos ayuda a liberar tensiones. Es cierto que para que la broma funcione como tal y no como agresión, se necesita un clima de confianza con el entorno en el que nos encontremos. Por eso es muy típica la broma en los funerales, donde nos rodean familiares o amigos.

La risa, de por sí, es un poderoso antídoto contra el estrés. No hace falta siquiera que sea una risa motivada por algo gracioso. La risoterapia utiliza todas las propiedades beneficiosas de este acto para activar tanto nuestro cuerpo, nuestra respiración o la circulación sanguínea, como nuestra mente. Con esta terapia parece demostrado que no siempre reímos porque nos sentimos bien, a veces nos sentimos bien porque reímos. Esto quiere decir que provocando la risa podemos provocar cierto bienestar.

Enfrentarse con humor a la adversidad no quiere decir otra cosa que aceptar su parte positiva, o encontrar su lado absurdo, o descubrir lo que tiene de extraordinario y utilizarlo para hacernos sentir mejor, para reír. No se trata, por tanto, de negar el problema, sino de afrontarlo con una actitud diferente, positiva.

Y cuando dejamos al descubierto ese lado risible de la tragedia, ya no nos parece tan terrible. Pierde gravedad y ya no pesa tanto sobre nosotros. Recuperamos el control de nuestra vida.

Si no has podido ver esa maravillosa película que es Los viajes de Sullivan (Preston Sturges, 1941) no perdáis la oportunidad de hacerlo. Aunque se trate de una ficción, en ella queda bastante demostrado que la comedia es mucho más útil de lo que nos quieren hacer creer, que puede tener incluso un gran valor social.

¿Y si no tengo sentido del humor?

Puede que pienses que no es tan fácil. Nadie dijo que lo fuera. Puede que pienses que eso no va contigo, que el sentido del humor es algo que se tiene o no se tiene.

Es cierto que hay un importante componente genético en el sentido del humor, pero la buena noticia es que se puede potenciar el sentido del humor, la resiliencia se puede aprender.

Cuando pases por un mal momento, fomenta las relaciones con tus personas más íntimas, ya sean familiares o amigos. Apóyate en ellos y pide que te transmitan buenas sensaciones, no que te consuelen, sino que te ayuden a divertirte.

En esos momentos de negrura, continúa con tus objetivos, no te estanques. Mira al futuro y sigue poniéndote metas. Piensa en ellas y en cómo conseguirlas.

Busca y rebusca en la situación para aceptarla como parte de tu vida. Plantéate que te ayudará a conocerte mejor e intenta encontrar un aspecto positivo, cualquiera, de ella.   

Incluso ríe. Ríe sin motivo. Comienza a reír y pronto verás que la risa fluye sola.

Porque si te ríes de tu desgracia, ya estarás empezando a superarla.

Quiero terminar con una magnífica charla que habla sobre el poder de la risa. En tan solo siete minutos nos da muchas claves sobre por qué tenemos que afrontar la vida con una sonrisa en la boca.

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