El sentimiento de soledad es una de las afecciones más frecuentes del siglo XXI, agudizada en gran medida por el impacto que la pandemia ha tenido sobre la ciudadanía. Los cambios producidos en las dinámicas interpersonales, la generalización del uso de las redes sociales, o las nuevas demandas laborales provocan inevitablemente un mayor aislamiento y, por ende, un incremento del sentimiento de soledad, que no solo se manifiesta en el plano físico, sino también en el emocional.

Aunque todos experimentamos momentos de soledad, cuando esta se vuelve crónica y se experimenta de manera constante, puede convertirse en un problema de salud mental. Además del riesgo para la salud mental, diferentes estudios han demostrado que la soledad puede aumentar el riesgo de enfermedades cardiovasculares, aumentar la presión arterial y disminuir el sistema inmunológico. La soledad también está asociada con un mayor riesgo de demencia.

Sentir que se carece de apoyo para hacer frente a las situaciones del día a día es una sensación que se puede manifestar incluso en quienes disponen de una amplia red de familiares o amigos. Una situación que se produce cuando los vínculos no se sienten lo suficientemente estrechos.

Aunque la soledad es un problema de salud pública, todavía se considera un tabú y muchas personas se sienten avergonzadas o incluso culpables de admitir que se sienten solas. El sentimiento de soledad genera una sensación de desarraigo, de abandono y de vacío que se puede mitigar con la ayuda de un profesional.

Puede afectar a cualquiera, pero las personas mayores son especialmente vulnerables. Según un estudio realizado en Estados Unidos, el 42% de las personas mayores de 60 años experimentaban soledad crónica. La soledad afecta negativamente a la calidad de vida y está asociada con un mayor riesgo de mortalidad.

Sin embargo, el reconocimiento de la soledad es el primer paso para superarla. Al hablar de nuestras experiencias, podemos hacer frente a los estigmas y ayudar a reducir el aislamiento social. En la medida en la que logremos comprender este sentimiento, podremos dar los primeros pasos para hacer los cambios necesarios.

Evitar el aislamiento, realizar actividades que aporten bienestar y dedicar algunos momentos al autoconocimiento favorecerán el alivio del sentimiento de soledad. Y, si es necesario, pedir ayuda a un profesional, que brindará las herramientas necesarias para afrontar la soledad y transformarla en una oportunidad para crecer personalmente.

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